Septiembre no pertenece a quienes pretenden reescribirlo
ChileEl Foro Madrid puede reunirse en Santiago y celebrar el aniversario del plebiscito constitucional de 2022, pero en la izquierda también tenemos el derecho y el deber de advertir el nocivo proyecto político que representa esta nueva derecha
Jorge Millaquén Mercado
Jorge Millaquén Mercado es vicepresidente nacional del Partido Socialista de Chile
Septiembre, el mes de la patria, de los volantines, de las fondas, las empanadas y el vino tinto…Pero también es el mes del golpe de Estado, del bombardeo a La Moneda, de la muerte del presidente Salvador Allende y del comienzo de una dictadura cívico-militar que persiguió, torturó, asesinó y exilió a miles de compatriotas.
Luego de 53 años, septiembre continúa teniendo una significación histórica, política y emocional profunda para la izquierda chilena, para quienes adhirieron a la Unidad Popular y para todas las personas que comprenden que la democracia y los derechos humanos deben defenderse sin condiciones.
Por eso resulta ofensivo que la nueva derecha pretenda instalar su propio acontecimiento conmemorativo, buscando transformar el 4 de septiembre de 2022 en una fecha fundacional y utilizar ese plebiscito para construir un relato político que vaya mucho más allá del rechazo a una propuesta constitucional determinada.
Ese plebiscito forma parte de nuestra historia democrática, pero una cosa es respetar la decisión ciudadana y otra muy distinta es usarla para presentar ese triunfo de una opción electoral que legitime el proyecto de la extrema derecha.
Quienes hablan de librar una batalla cultural saben que controlar el presente exige reinterpretar el pasado y por eso relativizan las causas y consecuencias del golpe, justifican la ruptura democrática e intentan separar la dictadura de las profundas transformaciones económicas que impuso por medio de la violencia y la persecución política.
Hoy, la extrema derecha quiere reemplazar la memoria del quiebre democrático por la celebración de una victoria electoral, sustituir la imagen de Allende por la de los nuevos referentes de la derecha radical. Desplazar el debate sobre los derechos humanos mediante discursos de orden y seguridad.
Esta fórmula es parte de una ofensiva internacional donde sus ideas, sus consignas y sus estrategias son importadas y replicadas de un país a otro. Responden a una corriente en la que confluyen Vox de España, el trumpismo estadounidense y distintas expresiones de la derecha radical latinoamericana.
Se autodenominan patriotas, pero su proyecto económico debilita la capacidad soberana del Estado y favorece intereses de los grandes grupos económicos y de los capitales transnacionales.
Se llaman libertarios, pero su concepto de libertad suele reducirse a la libertad del mercado, mientras pretenden restringir derechos sociales, culturales, sexuales y reproductivos.
Se presentan como republicanos, pero relativizan la dictadura y erosionan los consensos democráticos construidos después de 1990.
Esta ultraderecha no es una simple repetición del pasado, ya no requiere tanques frente a La Moneda para impulsar lo medular del proyecto político y económico empujado por la dictadura.
Su objetivo es avanzar por la vía institucional, aprovechando las mayorías electorales y parlamentarias circunstanciales para reducir el Estado, debilitar los derechos sociales y transformar en mercancía aquello que debiera constituir un derecho. Buscar subvertir la República y los mecanismos institucionales camino al autoritarismo.
La democracia no consiste solamente es ganar elecciones, también significa respetar los derechos fundamentales, proteger a las minorías, reconocer la pluralidad de la sociedad y aceptar que ninguna mayoría puede situarse por encima de la dignidad humana.
Frente a esta ofensiva, recuperar la memoria no significa quedarse atrapado en el pasado, significa defender lo conquistado desde el retorno a la democracia: las libertades públicas, los derechos civiles y sociales, la recuperación de la política y el principio fundamental de que las diferencias deben resolverse sin violencia. Esto no implica idealizarla, sino comprometerse a profundizarla. La memoria pierde su sentido si no busca un país más justo, más igualitario y verdaderamente soberano.
Desde esa perspectiva el Foro Madrid puede reunirse en Santiago y celebrar el aniversario del plebiscito, pero en la izquierda también tenemos el derecho y el deber de advertir el nocivo proyecto político que representa esta nueva derecha.
Septiembre no pertenece a quienes pretenden reescribirlo con falsos hitos comunicacionales. Este mes pertenece a un pueblo que celebra tradiciones, pero que también recuerda sus heridas y rememora a quienes lucharon por la justicia social, la democracia y la dignidad.
EL PAÍS