«Hay que poner a Dios en el centro de cada decisión»: la llegada de De la Espriella al poder desata un debate sobre la laicidad en Colombia
ColombiaDe rodillas y con la Biblia en la mano. Así apareció Abelardo de la Espriella este domingo, a menos de una semana de su posesión como presidente de Colombia, en un retiro espiritual al que asistió con los miembros de su futuro gabinete. El próximo mandatario, sus ministros y otros funcionarios en ciernes se reunieron a rezar, escuchar consignas del papa León XIV y ver pasajes de la Biblia animados con inteligencia artificial. «Para construir una gran nación hay que poner a Dios en el centro de cada decisión», concluyó el político tras la cita. Varias de sus declaraciones recientes, en las que afirma que la espiritualidad es esencial para gobernar, o la elección de funcionarios ultrarreligiosos han terminado por agitar la discusión sobre las garantías que tiene la laicidad en el país.
Colombia es oficialmente un Estado laico desde hace 35 años, como lo estableció la Constitución Política de 1991. Quiere decir que el país no tiene una religión oficial y que el Gobierno debe mantener una neutralidad de credo. Eso no significa que los presidentes no puedan tener una fe y la practiquen: todos los mandatarios elegidos en Colombia desde entonces, desde Andrés Pastrana a Gustavo Petro, se reconocen como católicos.
Pero De la Espriella ha integrado el simbolismo religioso en sus discursos a un nivel inusual, lo que ha puesto la fe en el centro del debate público. Durante la campaña electoral, usaba con frecuencia expresiones como «guerra espiritual» y se autodenominaba como el «Ciro que necesita Colombia», en referencia a un rey persa que, según la Biblia, apoyó a los judíos. Una de sus bases de votantes más importantes fueron los cristianos evangélicos, a muchas de cuyas iglesias y pastores se acercó de manera considerable durante su candidatura. Con ellos comparte una agenda ultraconservadora de defensa de la familia tradicional y la oposición a derechos ya ganados por las mujeres como el acceso al aborto.
Las imágenes del retiro espiritual de este fin de semana provocaron un rechazo de varias figuras de la izquierda, que aterrizan ahora en la oposición. Antonio Sanguino, ministro de Trabajo saliente, calificó el encuentro de «grotesco» y aseguró que el Estado laico no puede «terminar convertido en una Iglesia». Carlos Carrillo, exdirector de la Unidad de Gestión del Riesgo, sostuvo que «desconocer que Colombia es un Estado laico es una afrenta a la Constitución y un retroceso de siglos». Y la congresista María Fernanda Carrascal, una de las caras más visibles del petrismo en el Congreso, opinó que De la Espriella «vulnera» la laicidad «con sus expresiones desobligantes contra religiones como el islam y con su tesis de que gobernará a partir de la Biblia».
Además de lo expuesto el fin de semana, la oposición y varios expertos y juristas le han cuestionado a De la Espriella el nombramiento de varias figuras ultrarreligiosas en su gabinete. Entre las más polémicas están Viviane Morales y Paola Holguín, como ministras de Educación y Cultura, respectivamente. Ambas políticas tienen posturas muy conservadoras y liderarán carteras concentradas en asuntos de los que De la Espriella, en eco con la oleada de ultraderecha del continente, ha denominado parte de la «batalla cultural».
En el video en el que la oficina del entrante presidente anunciaba a Morales como ministra, destacaba su «fe cristiana y de irrevocable sentido del servicio» en el sector educativo. El objetivo en su presencia en la cartera, decía, es «la reconstrucción moral de la patria». La abogada es evangélica desde joven y en los últimos años se ha convertido en adalid de la defensa de la familia tradicional. Hace una década, fue gran opositora de la implementación de una cartilla de educación sexual en los colegios y también impulsó el bulo de que en el proceso de paz se había pactado una educación «homosexualizadora».
Por su parte, como senadora, Holguín formó parte de la llamada bancada «provida», un grupo de congresistas que estaban contra el aborto. De la Espriella la eligió como líder de la cartera de Cultura pese a no tener gran experiencia en el sector y cuando, en los últimos días, ha celebrado el ímpetu religioso del nuevo Gobierno. «Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia», publicó la nueva ministra en su cuenta de X en una cita que se le adjudica erróneamente a George Washington.
En el nuevo gabinete también destaca el pastor Jaime Andrés Beltrán como ministro de Vivienda. Como alcalde de Bucaramanga, implementó la realización de una liturgia mensual en los auditorios municipales. Otro nombramiento es el del exprocurador general Alejandro Ordóñez como embajador ante la OEA. Se trata de un político ultraconservador que durante su carrera no ha ocultado su toma de decisiones guiada por uno de los grupos más extremos de la religión católica, el lefebvrismo, que recientemente fue excomulgado por el papa León XIV.
¿Son estas designaciones y declaraciones una afrenta a la laicidad en Colombia? Bibiana Ortega, experta en religión y política y profesora de Ciencia Política de la Universidad Javeriana, dice que no, con matices. «El Estado laico en Colombia no se ha dado igual que en otros países como en Francia porque la matriz cristiana está muy arraigada culturalmente. Las barreras son muy porosas y un ejemplo simple pero claro son todos los festivos religiosos», explica en una conversación telefónica.
Aun así, la experta manifiesta su preocupación por la posibilidad de que se quiera forzar el regreso de la religión a espacios en los que ya no está presente, pues podría afectar la libertad de credo. «Se está dando un proyecto cultural en las derechas que tiene como escenario espacios como la educación y la cultura, que se asume como terrenos en los que iba ganando la izquierda. Creen que tienen que disputarse esas banderas y por eso hay una ola de cierta reafirmación de valores cristianos», apunta.
Las declaraciones de De la Espriella y de los miembros de su Gobierno no ocultan sus intenciones de revitalizar los valores cristianos en todos los ámbitos de la sociedad a través de lo que llaman una «batalla cultural» que se reduce a acabar con la diversidad y lo llamado «woke» en los entornos sociales y culturales. Es una campaña que ya ha tomado fuerza en varios países, como en Estados Unidos con el trumpismo MAGA, o en Argentina con Javier Milei.
Para Ortega, la llegada de De la Espriella al poder, con su discurso ultrarreligioso, representa un importante reto para la institucionalidad en Colombia. «Es ahora cuando el Congreso debe demostrar que sabe hacer control político y si el nuevo presidente hace algo inconstitucional contra la laicidad, para eso está también la Corte. El funcionamiento de equilibrio de poderes es fundamental», afianza.
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